UN CASTILLITO DE PAPEL






Cuentan que en un país lejano vivía Eliana, una princesita que no cesaba de suspirar, porque se sentía atrapada en su castillito. Una grave enfermedad estaba asolando a la población y sus papás le habían dicho que la única solución, para evitar que la enfermedad se propagara, era quedarse en su castillo.

A menudo la princesita subía a la torre más alta y se atormentaba pensando qué podría hacer ella para ayudar, sin salir de su castillo.

De pronto una abubilla se posó en la torre, a su lado, observó su carita de incertidumbre y dijo: “ ¿qué te pasa?”
_ Quiero ayudar y no puedo
_ Claro que puedes,_ le contestó la abubilla; viviendo cada momento conforme vaya surgiendo, eso es lo que hago yo. La felicidad consiste en no pensar o en elegir adecuadamente tus pensamientos

Eliana no entendía nada de lo que le decía la abubilla. Esta sonrió y se marchó.



Al ratito se posó allí mismo una tórtola y le dijo: “¿qué te pasa?”


Necesito hacer algo por los demás para sentirme bien.
_Cambia tus pensamientos, tú eres dueña de ellos y libre de pensar lo que quieras,_ le contestó la tórtola.

A continuación la princesita quedó pensativa; nunca le habían hablado de los pensamientos, no entendía nada,…

_ ¿Soy dueña de ellos? ¿Los puedo cambiar?….




Después, mientras pensaba en todo aquello, Eliana notó un hormigueo en su brazo. Se trataba de una lagartija que la miraba, levantó su cabecita y le dijo: “ ¿qué haces?”

 _¿Qué sabes tú de los pensamientos?, _ preguntó ella

_ Pues que son lo más importante en la vida,_ la lagartija contestó. Los pensamientos son energía y con ellos vamos creando nuestra vida, por eso es tan importante pensar de forma positiva. Tú puedes cambiar tu vida y la de la gente que está a tu alrededor, solo tienes que elegir lo que piensas, ¿no es maravilloso?


De repente, la princesita abrió lo ojos y dio con la solución: solo tenía que pensar: “¡qué fácil!, todo pasará, todo se va a solucionar”. Ese sería su primer pensamiento para ayudar a los demás.
_Muchas gracias, Lagartija,_ dijo Eliana que le dio un besito y la vio marchar.
Al instante, una sonrisa iluminó la cara de aquella niñita porque pensó en su castillito como un castillito de papel y el viento lo elevó, lo elevó, lo elevó, y la dejó en libertad.




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